24 de enero de 2013

This is football

Inglaterra huele a fútbol por los cuatro costados, a césped mojado, a gradas llenas. Allí nació el balompié y allí sigue más vivo que nunca. Es un ambiente donde el dinero cada vez está cobrando mayor trascendencia, pero en el que también son protagonistas el respeto, la nobleza de este maravilloso deporte y la épica, que hace acto de presencia de vez en cuando para dejar claro, por si alguno lo dudaba aún, que el fútbol en estado puro está lejos de los contratos y traspasos millonarios. El fútbol es otra cosa, es David luchando contra Goliat, empuñando el primero la poderosa arma de la ilusión para noquear al segundo, y hacer rozar el cielo a miles de incondicionales vibrando bajo la nieve de Birmingham un Martes por la noche. Esa era la estampa que se divisaba antes de ayer en Villa Park. Si, el Bradford City de la cuarta división inglesa dejó fuera al Aston Villa de la poderosa Premier League. Los 'villanos' fueron el último escollo en el camino del Bradford hacia la final, pero antes ya habían apeado a los modestos Notts CountyWatford Burton, para proseguir con la hazaña venciendo a dos conjuntos premier, como Wigan y Arsenal, a los que superaron en los penaltis.


Así se presenta el Bradford ante el gran público, con respeto hacia todos, sin temor hacia nadie, y con una mochila que recoge multitud de capítulos acaecidos en sus 110 años de historia, la mayoría de ellos muy sufridos. Porque este club del norte de Inglaterra se coló entre los grandes al poco de nacer, para después pelear en categorías menores durante 77 años, hasta regresar a la élite en 1999. Poco le duro la alegría, ya que descendieron la misma campaña que volvían a la Premier. Estos gladiadores que han conseguido llevar al Bradford hasta Wembley tienen a quien emular, ya que 'los gallos', como así se les conoce, consiguieron su trofeo más preciado en 1911, al alzar la F.A. Cup derrotando en la final al Newcastle. El héroe de esa final fue Jimmy Speirs, autor del único gol del encuentro y que poco después murió, con tan solo 31 años, en los campos de batallas de Ypres, en la I Guerra Mundial. Pero sin dudas, el episodio más negro tuvo lugar una tarde de Mayo de 1985, donde en su estadio se produjo un incendio que acabó con la vida de 56 personas. La tragedia había sacudido de manera brutal a un club forjado entre espinas. Una vez certificada la machada ante el Aston Villa, las imágenes que pudimos ver de los aficionados del Bradford encontrando la excusa perfecta para gritar con rabia el orgullo hacia sus colores, fueron espectaculares. La sensibilidad alcanzó su grado máximo cuando Gary Jones, capitán del equipo, regalaba su camiseta a un niño de 9 años que padece una grave enfermedad. La felicidad de un sufridor.


El 24 de Febrero llega la gran final. En un escenario único como el mítico Wembley, el Bradford tiene ante si una de las oportunidades de su vida. Enfrente estará un Swansea que también viene de abajo en los últimos años, a velocidad de crucero, pero el humilde sin complejos no tiene nada que perder. Probablemente no consiga la victoria y eso implicará que nos quedemos sin el gustazo que sería ver a un equipo de la cuarta división inglesa pasearse por competición europea. Es más que probable, pero lo que ya nadie les quitará es el haber hecho historia y el darnos otro motivo, de mucho peso, para todos los que seguimos creyendo en el fútbol con pizcas de romanticismo.