10 de abril de 2013

Málaga, la cabeza bien alta


“A veces los perdedores han ofrecido más que los ganadores”. Esta frase, pronunciada por el técnico Zdenek Zeman, puede reflejar a la perfección la sensación que ha dejado el Málaga de Champions, que no estará presente en la siguiente ronda, pero cuya huella ha quedado grabada a fuego lento como otra de las páginas más gloriosas de esta competición. Porque este Málaga que hace apenas dos décadas militaba por los campos de la Tercera división española, y al que los agobios económicos obligaron a reconstituirse, ha logrado colarse en los medios informativos que parecen coto cerrado para Madrid y Barça, ha logrado demostrar a Europa que el fútbol español sigue siendo mucho más que los dos 'todopoderosos', pero sobre todo, ha logrado la admiración de todo aquel que le ha visto competir, el despertar en los suyos el orgullo más grande, tanto en la victoria como en la derrota.

Al Málaga nadie le ha regalado nada. Ni tan siquiera cuando todo hacía indicar que iba a convertirse en uno de esos nuevos ricos, que ostentan el dinero por castigo. Cuando llegaban jugadores de la talla de Santi Cazorla o un Ruud Van Nistelrooy algo venido a menos. El club blanquiazul se encontró en la calle un maletín repleto de billetes, y todo fueron sonrisas e ilusiones, hasta descubrir que esos billetes eran de mentira, que la cara oculta eran deudas y compromisos a los que había que hacer frente con escasos recursos, y que el jeque, dueño de dicho maletín, resultó ser alguien más prometedor que realista, poco amigo de dar la cara en los momentos complicados. Aún así el equipo se levantó, entre otras razones porque este barco está comandado por un capitán de valía incalculable y un señorío y caballerosidad sin límites. Don Manuel Pellegrini.


Pero, como diría otro Manolo, el añorado Preciado, siempre sale el sol al día siguiente. Y más en Málaga. Los 'boquerones' se pusieron el mundo por montera y a base de goles y un juego vistoso empezaron a despertar la ilusión de todos. Era momento para soñar. De tú a tú, sin complejos, pero sin un ápice de arrogancia. Así ha encarado el Málaga todos y cada uno de los partidos que ha disputado en esta Liga de Campeones. Fútbol alegre mezclado con grandes dosis de practicidad y fortaleza. Argumentos más que suficientes de un equipo que ha sabido conjugar a la perfección colectividad con individualidades. La seguridad de un muro casi inexpugnable como Willy Caballero, el mariscal Demichelis, los galones de Toulalan, la magia de un Isco cuya figura se ha agrandado hasta límites insospechados, el arte hecho fútbol de Joaquín...Todo eso, más muchísimo trabajo y un elogiable entusiasmo, han hecho que el Málaga se pasee por los territorios de mayor pedigrí del balompié internacional, estando a la altura de todos ellos, dándose a conocer mostrando lo mejor de sí mismo.

La vida no es justa, por tanto es absurdo esperar que el fútbol lo sea. El adiós del Málaga a su hazaña estuvo impregnado de una crueldad infinita. Por el momento, por la forma, por la causa. No se puede decir que su oponente, un Borussia Dortmund siempre noble en su batalla, sea un ganador inmerecido, ni mucho menos, pero el Málaga también se había hecho acreedor de un pasaporte que ya tenía en su mano. Se lo quitó alguien que está para impartir justicia, por lo que jamás debería ser noticia. El mismo que minutos antes también había permitido que subiese al marcador un gol de Eliseu que no debería haber valido, y que se antojaba como uno de los tantos más gloriosos de la historia de los malagueños. Pero en el fútbol, ante la belleza de estos partidos, resulta tan poco estético hablar del árbitro como en la vida lo es hablar de dinero. Así pasó y no hay más que hacer.


El nombre del Málaga no figurará entre los cuatro mejores equipos del continente, pero hay algo que nadie le podrá arrebatar a todos los suyos. El haber vivido todo esto. El niño con poca consciencia sabrá algún día que esas noches intersemanales plagadas de jolgorio y alegría se debían a que una legión de guerreros ponía de pie a la ciudad. El viejo aterrizará en un cielo azul con nubes blancas, sabiendo que por un tiempo la tierra también lució esos colores. El joven tendrá tiempo suficiente para narrar, probablemente emocionado, las gestas que sú Málaga hizo por Europa; el retumbar del himno de los campeones en una Rosaleda repleta, la goleada a un equipo ruso de campanillas en su primera noche entre los más grandes, el festín que se pegaron en Bélgica en el feudo de un histórico, la victoria en casa ante el gigante milanés, cómo salieron vivos del mítico San Siro, la legendaria remontada ante unos dragones azules que acabaron rindiéndose ante los andaluces, o la épica eliminatoria ante unos alegres alemanes, que concluyó con una extraña y dolorosa derrota. La resaca aún será dura, pero hay mucho que contar, demasiados motivos por lo que estar con la cabeza alta, un camino heroico que nos regala a un nuevo campeón sin título.