13 de mayo de 2013

Un guión de ensueño


"He visto películas con peores guiones que éste". Así sentenciaba Roberto Martínez poco después de haberse coronado campeón de la F.A. Cup con el Wigan Athletic. Es una de esas frases que sientan cátedra. Acierta de pleno Roberto, buen conocedor de una película de la que ha sido actor, primero, y director ahora. Es un 'filme' enrevesado, ya que en el cine con frecuencia gana el bueno, el humilde o el más desamparado. Pero en la vida, y en el fútbol, las cosas funcionan de maneras bien distintas.

Lo sabe bien el que ahora es uno de los técnicos de moda en Inglaterra. Allí se plantó en 1995. Roberto Martínez era un absoluto desconocido en el Wigan, al igual que Wigan lo era para él. Su fútbol le hizo meterse rápido a la afición 'latics' en el bolsillo. Y ojo. Se convirtió en el primer español en anotar un gol en la F.A. Cup. El principio de una bonita amistad. Roberto continuó varias temporadas en Wigan, con el que consiguió el ascenso a la tercera división. Se marchó, y dejó en la retina de los aficionados ese aroma que cuando te hace volver a verle en vídeo o tan solo en un cromo, te saca una sonrisa. Un bonito recuerdo. Quizás lo mejor que puede dejar un futbolista grabado en un hincha. Punto y aparte. La historia aún tenía reservada varios capítulos, desafiando el dicho que pone en tela de juicio las segundas partes.

Y allí volvió en 2009. Se presentó como un absoluto conocedor del club. Pero también con algo más. Había colgado las botas un par de años antes. En ese transcurso de tiempo, Roberto se labró una breve pero loable trayectoria al frente del Swansea. Trabajo, trabajo y más trabajo. Saber explotar unos recursos que andan lejos de la mayoría de rivales con los que le toca competir. Son algunos de los ingredientes de su receta mágica. 

A esto hay que añadir un plus. A Roberto le importa mucho la forma con la que se consigue el fin. Apuesta por un juego estético. Resulta agradable para la vista el observar un partido de su equipo. Está hecho a su imagen y semejanza, y eso es algo de lo más meritorio que puede conseguir un técnico. Esto le ha convertido en uno de los referentes de los que aún creen en el fútbol con ciertas dosis de romanticismo. Esos que se niegan en dar por ganador al que tiene la cartera más repleta. Roberto nos ofrece un producto que aúna la mezcla perfecta entre pragmatismo y seducción. Algo que merece realmente la pena.


Por delante tiene los que probablemente sean sus dos últimos partidos en Wigan. Debe ganarlos. De lo contrario la película acabará con un final agridulce. Hay numerosas posibilidades de que así sea. Necesitan otra proeza. Pero de momento, Roberto Martínez  y los suyos han conseguido hacer del Wigan algo de lo que muchos hablan, y eso es bastante más difícil de lo que parece. Y sobre todo, han conseguido que esta película sea enormemente apetecible.