1 de mayo de 2013

LONDON CALLING! WEMBLEY CALLING!



Y Dortmund respiró. Bien podría significar el final de una historia, una historia con final feliz, pero no, solo significa el principio de algo que podría ser muy gordo. Algo que llevan esperando en Renania del Norte nada más y nada menos que 16 años, volver a una final de la Copa de Europa. Y lo hizo ante el rival más laureado del mundo, en uno de los estadios más gloriosos del fútbol mundial. Como si este escenario, que se había vestido de gala para la ocasión con un mosaico precioso y un ambiente idílico y lleno de fe, no supusiera la más mínima presión para un grupo de jugadores que ayer se volvieron a consagrar ante los ojos de millones de espectadores.

Pero ojo, tampoco queremos menospreciar el partido del Madrid. No es menos cierto que un gol separó al conjunto blanco de esa ansiada final que parece escabullirse año tras año de sus manos. No es menos cierto que ese gol se pudo dar en infinidad de ocasiones, que solo la diosa fortuna, con un poquito de ayuda de Weidenfeller, impidió que el conjunto blanco se pusiera 3-0 arriba a los 20 minutos de juego. Pero ayer más que el espíritu de Juanito -que tras una larga noche volverá a descansar en paz otro año más- el que apareció fue el de Higuaín. Y hablamos del espíritu del argentino porque ayer pareció eso, un alma errante que se paseaba sin pena ni gloria por los alrededores de la meta de Weidenfeller, intentando meter miedo vestido con su sábana blanca pero sin conseguir ni la más mínima muesca de desesperación en sus víctimas, más bien al contrario, la víctima anoche pareció él. Y más, cuando a Mourinho le dio por dar entrada a Benzema, que bien podría haber acabado ayer con la carrera del “Pipa” en Madrid…


Y gran culpa de ello la tuvieron los dos centrales del Borussia: Matt Hummels y Neven Subotic. Extraordinarios, impecables, superlativos, enormes, bastiones… Adjetivos que se quedan cortos para resumir la eliminatoria que han cuajado los centrales alemanes. Y es que ayer, salvo en los minutos finales donde el equipo pareció disolverse por minutos, ambos, aunque de jerarquizar nos quedaríamos más con Hummels, estuvieron perfectos en todas y cada una de las acciones defensivas del conjunto teutón. Sin duda alguna, ellos fueron más del 50% del Dortmund anoche, para suerte del bueno de Jürgen. El resto, se lo repartieron entre los de siempre, todos a partes iguales, ya que Lewandowski parecía saciado con los cuatro goles de la ida. Reus comandó cuando faltaba Götze, Gundogan se multiplicaba por toda la zona de la medular, Bender frenaba una y otra vez las acometidas de la poderosa parcela ofensiva blanca, y Piszczek y Schmelzer tuvieron una labor más que notable ante rivales de la envergadura de Cristiano, Di María y Ozil, el único alemán que ayer no pudo celebrar nada.


Pero lo que pasó, pasó. Y ahora solo toca mirar hacia delante. La final de Wembley ya se disfruta en Dortmund, Westfalia vivirá a partir de hoy y hasta el mismísimo día de la final un período de tiempo de euforía y disfrute, de emoción, de sentimientos, de impaciencia, de ensueño. El Borussia Dortmund ya espera rival, y a no ser que esta noche ocurra un milagro en Barcelona, ese no será otro que el Bayern de Munich de Jupp Heynckes. El mismo que la temporada que viene disfrutará en sus filas de dos de los jugadores que han hecho posible que el Dortmund esté hoy donde está. Mucha suerte borussers. LONDON CALLING! WEMBLEY CALLING!.