1 de agosto de 2013

Fuga de Cerebros.


Decía uno de esos tantos sabios anónimos que ha dado la humanidad a lo largo de su historia que “somos lo que comemos”, una frase tan "absurda" como utilizada, que aunque a priori pueda parecer una simple composición de palabras de esas que se oyen en los pueblos más interiores de nuestra España profunda, es una frase que a grandes rasgos puede presentar un dilema ético en el que hay que adentrarse de manera exhaustiva para sacar conclusiones que, aunque insignificantes para la gran mayoría, nos pueden ayudar a comprender mejor todo este tinglado que han montado “los de arriba” y del que todos formamos parte.

Para ello, vamos a analizar y comparar la frase en dos marcos muy distintos (quizás no tanto), quizás los dos grandes problemas, y distracciones, que tiene España ahora mismo, la política y el fútbol. Que dos palabras…

A nivel social, podemos enmarcar esta frase en ámbitos muy distintos. España sufre uno de los momentos más amargos de su historia, quizás no a nivel de pobreza ni hambre, porque España ha sido muy muy pobre y ha pasado muchísimo hambre a lo largo de su vida, no en este aspecto. Pero si uno de los momentos más amargos a nivel comunitario. Las noticias que cada día encumbran las portadas de los medios no son nada halagüeñas para esa gran masa social que mira impasiva desde la pequeña pantalla como esos gobernantes que prometían cambios y ayudas siguen sin cambiar y ayudar en nada. Pero lo peor de todo es que seguimos engañándonos pensando en que la cosa va a cambiar, en que desde nuestro sofá se oirán los gritos de rabia o que desde nuestro ordenador se leerán nuestros mensajes revolucionarios. Mentiras que nos creemos, mensajes en blanco que nos cuelan con palabras retorcidas, actos patéticos que tomamos ya como algo normal. Nos quejamos muchísimo, eso si, en eso no nos gana nadie, pero lo hacemos de la manera menos efectiva posible. No nos olvidemos, somos lo que comemos, y esto nos lo estamos comiendo con papas todos los días, lo estamos devorando.

Lo peor de todo, es que los que tienen que sacar esto adelante, los jóvenes -la llamada generación más preparada de toda la historia-, ya se han cansado de esperar su turno, cansados de ver como el inepto enchufado anclado toda su vida a la misma silla le impide seguir adelante en su formación, y ellos, sabedores de su valía, no han tenido más remedio que buscarse las habichuelas en otro sitio, lo que se ha denominado comúnmente como “Fuga de Cerebros”, algo que “los de arriba” se han encargado de tapar con una expresión que no ha engañado a nadie, la famosa “movilidad exterior”. Manda huevos.


Pero ojo, que antes hablábamos de dos marcos que analizar, y aunque posiblemente ya os hayáis cansado de esta lectura, aún nos queda el segundo, el que nos interesa, el fútbol. Y aunque podríamos extendernos con palabras bonitas y relatos que de sobra conocemos, lo cierto es que todo esto es más de lo mismo. Cambiamos de marco cultural, pero seguimos con las mismas incongruencias de siempre. “Los de arriba” lo vuelven a manejar todo, hacen y deshacen a su antojo, mientras los demás luchan por sobrevivir en una liga que cada vez tiene menos interés para el público exterior. Unos ofertan 100 millones de euros por simple capricho, otros tienen que vérselas negras para contratar a alguien libre y que se ajuste no solo a los parámetros deportivos del equipo, si no también a los económicos. Además, por si fuera poco, ven como sus mejores jugadores se van del equipo año tras año sin poder hacer nada para retenerlos, por lo que otra vez, toca reinventarse en verano, sin medios para hacerlo efectivamente y en una lucha a contrarreloj contra los demás equipos. 

Con todo esto, el crecimiento global se antoja una tarea imposible, los de siempre estarán arriba y los mismos estarán abajo, año tras año es el mismo cuento. Mientras, los aficionados españoles vemos envidiosos como equipos de la mitad baja de la tabla en ligas como la inglesa o la alemana pueden gastarse sin problemas 15 millones de euros en fichajes sin poner en apuros su estabilidad económica. Y es aquí donde vuelve a entrar esa movilización exterior de la que hablaban los políticos, la famosa “fuga de cerebros”, que como la película que lleva el mismo nombre, es algo tan irreal y absurdo que no queda más remedio que reírse.

Llevamos varias temporadas viendo como nuestros mejores jugadores prefieren partir hacia ligas más competitivas y seguras económicamente, como lo puedan ser la Premier, la Bundesliga o el Calcio. Incluso Francia nos ha sobrepasado ya sin apenas tiempo para darnos cuenta. Porque si, porque mientras en España los dos mismos clubes sean los que aspiren siempre a todos los títulos, una liga en la que haya más de tres candidatos nos parece una auténtica gozada. Mientras tanto, aquí nos seguiremos conformando con ver esa lucha que mantienen temporada tras temporada los 18 equipos restantes de nuestra liga. Bueno, eso si no desaparece ninguno, algo que ha podido pasar tres veces en menos de dos días, pero eso ya es otra historia…