25 de octubre de 2012

Eintracht de Frankfurt: Regresar a lo grande.



Corren tiempos felices en Frankfurt. Una ciudad que en sus más de 1.200 años de antigüedad ha visto el paso de la historia desde una perspectiva privilegiada. Situada en el Estado Federado de Hesse, al sur de Alemania, Frankfurt es una de las ciudades más importantes del país teutón y una de las que mayor proporción terrenal abarca. Residencia durante muchos años del emperador Carlomagno, la ciudad ha sido testigo de todo tipo de batallas y enfrentamientos por hacerse con el control de esta. Romanos, alamanes y francos lucharon en su día por el control absoluto de la región que baña el río Meno, un emplazamiento que muchos años después, fue el principal apoyo económico del país tras la Segunda Guerra Mundial y que actualmente es el lugar desde donde se gobierna el Euro.

Sin embargo, hoy Frankfurt brilla de una forma diferente, especial y porque no decirlo, brilla de una forma un tanto exótica. Exotismo que le da un joven futbolista japonés de tan solo 24 años que actualmente es la gran estrella de un conjunto histórico que se ha restablecido en la élite gracias a las delicatesen que desde la banda izquierda cocina a fuego lento este chaval llegado desde el país del sol naciente. Estoy seguro de que ahora si sabéis de quien os hablo, ese atacante fino y elegante de nombre Takashi y de apellido Inui, que semana tras semana, desde que empezó la nueva temporada en Alemania, está haciendo las delicias de todos los aficionados al fútbol internacional y más aun a su propia afición, esa que tantos años de penurias ha pasado y que ahora ha vuelto a resurgir de la mano de su equipo recordando éxitos pasados. Sin duda alguna, hoy el viejo “Waldstadion” (Estadio de los Bosques) vuelve a tener motivos para sonreír y lucir sus mejores galas, el Eintracht de Frankfurt ha regresado a la élite, y de que manera.

Segundo en la Bundesliga y con unas estadísticas que rompen con cualquier pronóstico que se hubiera dado al principio de temporada, por muy halagüeño que este fuera. Ocho partidos jugados, seis ganados, uno empatado y una derrota, y todo ello con un juego vistoso, alegre y sobretodo efectivo. Brutal. Bajo las órdenes del viejo Armin Veh, el conjunto rojinegro está pasando por un momento dulce, las gradas del Commerzbank-Arena rebosan alegría y retumban de orgullo cada vez que su equipo marca un gol, más fuerte aun que de costumbre, porque aunque la hinchada del Eintracht es de las más fieles, históricas y numerosas de Alemania, muy pocos de los que hoy allí se dan cita han vivido algo semejante respecto a su equipo. Parece que el espíritu de ese Eintracht luchador, aguerrido y ganador que encandilaba entre los años 70 y 80, ha calado hondo en una hinchada que en los últimos años estaba falta de logros como este, y eso que apenas ha hecho más que empezar.


No sabemos con certeza como responderá el equipo a este gran inicio de liga, si con el paso de los partidos se desinflará y ocupará las plazas que por objetivos han quedado marcadas, o si de lo contrario se convertirá en una alternativa real a Bayern y Dortmund, al que de momento aventaja en 7 puntos. De lo que si estamos seguros es de que ese equipo protegido en la portería por las manos de Kevin Trapp, defendido por una línea defensiva formada por Sebastian Jung y Bastian Oczikpa en los laterales y Zambrano y Anderson como pareja de centrales, bajo la dirección de Sebastian Rode y la consistencia que aporta en el centro del campo Pirmin Schwegler y movido en ataque por el talento y fuerza de hombres como Takashi Inui, Alex Meier, Stefan Aigner y los goles del canadiense Olivier Occean, seguirá deleitando y sorprendiéndonos con su juego, su garra, su saber sobreponerse a las adversidades y con su histórico empuje desde los asientos que conforman un estadio tan mítico como el escudo impregnado en el pecho de cada camiseta del club. Que siga la fiesta…