29 de octubre de 2012

River - Boca, vuelve la pasión

Uno de los 50 espectáculos deportivos que hay que ver antes de morir”. Así define The Observer, el periódico dominical más antiguo del mundo, el encuentro entre River Plate y Boca Juniors. Para el diario más leído en idioma inglés, The Sun, es “la experiencia deportiva más intensa del mundo”. Estos calificativos no son más que otra muestra de que estamos ante uno de los partidos que más pasiones desata, y por supuesto, un espectáculo que todo amante del balompié tiene marcado en rojo en su calendario.

Nacidos en el mismo Barrio de La Boca, casi desde el principio se declararon una íntima enemistad, que con el paso del tiempo se fue encarnizando hasta límites insospechados. Después de emigrar varias veces, River se asentó en Núñez, un barrio de clase social media-alta, lo que unido a sus nutridas arcas financieras hizo que se le conociera como 'los millonarios'. Por contra, Boca se mantuvo fiel al lugar que le vio nacer.


El 24 de Agosto de 1913 se enfrentaron por primera vez de forma oficial. Ayer, 28 de Octubre de 2012, fue la última hasta el momento. Entre medio multitud de partidos, goles y títulos, que hacen a los 'bosteros' presumir de poseer más trofeos internacionales, de legendarios encuentros como los 5-1 infligidos a River (1959 y 1982), la única final disputada por ambos que tuvo color 'auriazul' (1976 -gol de Rubén Suñé-), o la épica victoria del año 2000 , en la que Boca remontó en La Bombonera el 2-1 de la ida, con un 3-0 que quedó grabado con letras de oro en la historia 'xeneize'. El orgullo 'millonario' se vanagloria de haber conseguido más titulos nacionales que su adversario, y de triunfos particulares como el 5-1 conseguido como local (1941), el primer encuentro disputado entre ambos en competición internacional (2-1 en la Libertadores de 1966), el haberse llevado el clásico con más goles (5-4 en 1972), o la victoria en 1986 en el bautizado como 'partido de la pelota naranja', (ya que la multitud de papelillos que tiraron ambas aficiones hacía imposible la visión con el cuero habitual), en el que Norberto Alonso anotó un doblete en La Bombonera que puso un 0-2 en el marcador y que hizo a los 'riverplatenses' dar la vuelta olímpica al estadio, tras proclamarse campeones una fecha antes.

Papelillos, banderas, pancartas, tifos, mosaicos... todo vale para dar el máximo ambiente posible en uno de los partidos que también está marcado por el colorido que proporcionan ambas hinchadas, pero sobre todo, en el incansable aliento que cada una presta a los suyos. Los cánticos se suceden, los piques en las gradas no cesan y cada disputa en el terreno de juego es efusivamente protestada por todos los aficionados. Incluso cuando se va perdiendo, toca demostrar que se mantiene la cabeza bien alta, es el momento de no parar de animar, de dar todas las fuerzas que faltan a los que están en el césped. Hasta en ese hecho se demuestra la rivalidad.



Un reencuentro a cara de perro

Lo anterior nos sitúa en el contexto de lo que significa un duelo entre los rivales más acérrimos, pero hay un acontecimiento que no se había producido nunca hasta hace bien poco, un descenso. River lo sufrió el año pasado, y el fútbol argentino quedó huérfano de 'Superclásico'. Ayer, 17 meses después, el partido de rivalidad por excelencia volvía. Ambos pasan por un momento delicado. River ha regresado a la primera división y el estar lejos de los puestos punteros de la clasificación parece lógico, en lo que apunta a una temporada de transición. Por su parte, Boca no se encuentra así mismo. El último gran mito de la entidad, Juan Román Riquelme, se ha marchado y ha dejado un vacío demasiado grande, dentro y fuera del césped. El juego desplegado por los de Falcioni no convence a nadie, y el técnico parece cada vez más discutido. Para cualquiera de las escuadras, una victoria podía cambiarlo todo.

Entrando en materia, el choque tuvo multitud de matices. A River se le pintó un escenario perfecto, cuando recién comenzado el partido Ponzio lanzó una falta que se le colaba a Orión, en un error grosero del guardameta. El equipo millonario dominaba el marcador y también el juego, iba de verdad en cada lance y tenía todas las facetas controladas. Boca no aparecía, no demostró ni un solo argumento en la primera mitad para empatar el encuentro, haciendo gala de una pobreza futbolística preocupante. Fragilidad defensiva, nula creación en el medio, e incluso falta de intensidad, eran otros de los defectos más notables del conjunto de Falcioni en El Monumental.


Boca cambió por completo tras el descanso. Su juego no era vistoso, tampoco alegre, pero al menos ya estaba presente en el partido. River tenía oponente, Boca avisaba de que nunca se rinde. Los de Almeyda tenían en el orden defensivo y las salidas a la contra su fórmula para conseguir llevarse los 3 puntos, y en uno de esos latigazos llego el segundo por medio de Rodrigo Mora, que tuvo una tarde sobresaliente. River se veía vencedor, El Monumental estallaba de júbilo y las gradas retumbaban de alegría ante lo que veían. Los de la banda habían hecho lo más complicado, obtener frutos a su buen trabajo, se trataba solo de esperar, hacer pasar el tiempo y no cometer errores. Pero el error llegó. González Pires cometió un penalti absurdo tras un patadón sin justificación alguna. Silva recortaba distancias. Boca, con más corazón que cabeza, con más alma que fútbol, no bajaba los brazos, River se mantenía firme. Y entonces llegó el minuto 91. Trezeguet ejecutó mal una contra, la pelota cayó en los pies de Leandro Paredes, que buscó a Lautaro Acosta en banda derecha, su centro al área fue rematado por el 'Tanque' y cuando el balón regresó del cielo Erviti lo empaló a la red aprovechando la dubitativa salida de Barovero. Tremenda decepción y asombro millonario, éxtasis y locura bostera. No había tiempo para más historia, más allá de la sensación de que Boca podía incluso haberse llevado la victoria de haber durado algo más el choque. En un abrir y cerrar de ojos a River se le había ido lo que tenía en las manos, la hinchada 'boquense' enloquecía festejando un empate que por las formas, parecía más bien una victoria de un punto.


Hasta dentro de seis meses no volveremos a disfrutar de otro 'Superclásico' que volverá a  acaparar la atención de todos y detener por un par de horas el corazón de muchos. Es uno de esos partidos en los que los tópicos fútboleros que oímos asiduamente como “una final”, “un encuentro a vida o muerte”, o “algo más que un partido”, cobran todo su sentido. Porque además de todo lo anterior, un Boca - River o un River - Boca, también es un partido de fútbol, y que partido...