21 de noviembre de 2012

Sobre jeques y magnates.



Decíamos en la introducción de este blog que el fútbol se había convertido en la actualidad en algo que nada tiene que ver con el deporte que fue en sus inicios, que había pasado de ser ese entorno mágico del que evadirse de los problemas personales a ser en algunos casos poco más que un negocio entre empresas y clientes. Pues bien, esto alcanza su mayor exponente en los multimillonarios o multibillonarios, depende de cada uno, jeques árabes y magnates rusos (por ejemplo). Para muchos de ellos, el fútbol se ha convertido en una forma de dar a conocer su nombre a nivel internacional. Muchos de ellos son personas con un gran grado de influencia en las actividades económicas de su país y los negocios nacionales a veces se le quedan pequeños. Entonces, para expandir el nombre de sus empresas, deciden aventurarse a comprar un club de fútbol. La bienvenida que reciben por parte de los aficionados es muy buena, son gente de dinero, y ellos esperan que parte de él lo inviertan en el club de sus amores. Estos empresarios, expertos en relaciones públicas, encantadores de serpientes, rápidamente generan ilusión y esperanza a su llegada al club. Su frase más usada es aquella de “Queremos poner a este club en lo más alto, y que de aquí a unos años pueda luchar con los mejores”. No es la primera vez que la oímos. A veces es verdad y a veces mentira, pero al principio, todos se lo creen.

Llegan con la promesa de invertir mucho dinero en el club, de traer jugadores de renombre y de generar grandes proyectos en períodos minúsculos de tiempo. Sin embargo, esto no siempre es así. Aquí también, como en todo, influye la suerte. La suerte de que te toque un empresario serio que realmente cumpla con su palabra, de lo contrario, estás perdido. Aunque eso si, esto ocurre en contadas ocasiones. Como ejemplos claros tenemos en Europa al Chelsea de Abramovich, al Manchester City o al último “nuevo rico”, el PSG. En sus casos, los mandatarios pusieron de verdad el capital prometido para hacer crecer al equipo. Ahí tenemos las pruebas, jugadores como Ibrahimovic, Agüero, Silva o Torres han llegado a base de talonarios. Sin embargo, también hemos visto la otra cara de la moneda, y cuando esto pasa, cuidado. Ahí tenemos a equipos como el Portsmouth, a quien la llegada de varios de estos empresarios terminó por hundir su estancia en la máxima categoría del fútbol inglés debido a problemas de impagos. Ahora vaga por los campos de la Football League One sin pena ni gloria, lo que vendría a ser la 2ºB de nuestro país. Es un caso tremendo, duele ver como el dinero y la ineptitud de varias personas son capaces de acabar con un club con más de 110 años de historia. Duele ver al Pompey en esa situación.

Pero tampoco hace falta irse tan lejos, en nuestra liga tenemos la cara y la cruz de la moneda, los ejemplos perfectos para analizar este caso. Por un lado, el Málaga, por otro, el Racing. El primero disfruta de la que quizás sea la etapa más exitosa de su historia. Desde que llegara al club el jeque catarí Nasser Al Thani, el equipo costasoleño ha dado un cambio radical en su situación deportiva. Ha pasado de ser en dos años un equipo más de primera (en el buen sentido) a ser uno de los grandes clubes de la actual liga española. Ha sabido remodelar una plantilla a base de jugadores cuyo talento no se hubiera podido disfrutar en Málaga de no haber llegado él. A golpe de talonario, el club ha firmado en dos temporadas a más de 20 jugadores, gastando así un total de más de 200 millones de euros para hacer del Málaga un equipo importante no solo en España, si no también en Europa. Y vaya si ha funcionado. El club goza de una magnífica posición en la actual liga de Campeones, competición en la que debutaba este año por primera vez en su historia, y en la liga de momento no lo está haciendo nada mal. Los aficionados están encantados con la marcha del equipo y aunque en las últimas semanas parecen haber florecido algunos problemas que otros, la cosa marcha bien.


Todo lo contrario pasa en Santander. La entidad cantábrica pasa por uno de los momentos más negros de su historia. Los antecedentes los sabemos ya, sin embargo, el futuro se presenta totalmente incierto. Deportivamente el equipo se encuentra luchando por dejar atrás lo más rápido posible los puestos rojos de la tabla. La afición hace rato que se hartó de la actitud de sus jugadores sobre el campo y de la incapacidad de los dirigentes de llevar a buen puerto la situación. Todo parece más negro que nunca. Curiosamente, esta situación llegó a raíz de la compra del club del empresario indio Ali Sied. Este prometió hacer del Racing un equipo competitivo a nivel nacional a corto plazo y a nivel internacional en un período semi-largo de tiempo. Ahora la situación parece harto complicada. Lo que si ha traído son problemas financieros, peleas institucionales y la división del club con sus aficionados. Una auténtica bomba que no ha hecho más que arrasar con todo lo que ha encontrado a su paso.

Podríamos hablar de una cuestión de suerte. De porqué algunos tanto y otros tan poco, de porque a ellos si y a mi no, de envidia deportiva. Lo cierto es que estos seres, tan extraños como afamados, tan queridos como odiados, son ya una parte esencial del fútbol actual. Habrá quien esté a favor y quien esté en contra, quien los quiera para su equipo y quien no los quiera ver ni en pintura, pero ahí ya entran otros factores. Preguntémosle a un aficionado del City, o del Málaga, y hagamos la misma pregunta a uno del Portsmouth, o del Racing. Podríamos coger a 5 personas al azar, y probablemente ninguna estaría de acuerdo con la otra. Los jeques son así e influyen de tal manera en este deporte que muchos ya no podrían vivir sin ellos. A quien no se le haría raro ver al Chelsea sin Abramovich, o a un jugador de talla mundial que no suene para reforzar al PSG. El fútbol es dinero, y en este tema, ellos son los reyes del mambo.