14 de noviembre de 2012

#SOSFÚTBOL, Salvemos al Fútbol.

En los últimos días hemos visto como las principales noticias del balompié en nuestro país giran en torno a equipos históricos que acumulan una deuda casi insalvable y que, en el caso de algunos, están a punto de desaparecer. El caso más sonado es el del Real Oviedo, uno de los dos grandes clubes del principado asturiano y una de las entidades con mayor historia de nuestro país. Ahora mismo, la situación del club es crítica y la gente se ha echado a las calles para pedir ayuda y encontrar soluciones a corto plazo para salvar el futuro de la entidad. Muchos son los equipos y personas que están poniendo su granito de arena para ayudar en la causa. Destacan los casos de los ex–oviedistas Michu, Mata y Cazorla, que desde la Premier inglesa decidieron aportar una gran cantidad del capital necesitado para saldar parte de la deuda, o clubes como el Real Madrid, quien hace un par de días compró acciones por valor de 100.000 €, las cuales cederá al ayuntamiento de la capital asturiana.


Pero no es el único caso de equipo en peligro de extinción, ni mucho menos. Su mayor rival, el Sporting de Gijón, tampoco atraviesa una situación agradable. Cierto es que las comparaciones son odiosas, y ni mucho menos esta situación es tan crítica como la del Oviedo, pero también tiene su relevancia. Desde las gradas y las calles se culpa a Manuel Vega Arango, presidente del club, a quien se le acusa de gestionar de manera indebida los intereses del club. Lo único claro es que a pocos días de que el club celebre su Junta de Accionistas, las cosas no están del todo cristalinas en cuanto a asuntos económicos se refiere.

Pero hay más, y en la misma categoría nos encontramos al Racing de Santander. Equipo que se las prometía muy felices cuando el año pasado el empresario indio Ali Sied se hizo con el club tras un intento frustrado de comprar el Blackburn Rovers. A su llegada, este prometió hacer del Racing un equipo competitivo tanto a nivel nacional como internacional. Todo parecía creíble y la llegada al club de Gio Dos Santos no hizo más que acrecentar esta posibilidad. La ilusión que se generó en los aficionados subía como la espuma, pero pronto comenzaron a llegar los problemas. A los continuos fracasos deportivos del equipo en primera se le unieron los primeros problemas financieros. Y es que esto es así, mientras la pelotita entre lo demás parece dar igual, pero si hay problemas externos y en lo deportivo el fracaso se extiendo como tónica general, todo parece volverse en contra. Ya en 2ª y con el equipo más cerca del descenso que de la vuelta a primera, la cosa sigue igual. Los problemas económicos siguen sin resolverse y la cúpula directiva del conjunto cántabro está mirada con lupa por los administradores concursales. Como respuesta a la mala gestión del actual y anterior consejo, los propios aficionados racinguistas han decidido que en el minuto 13 de cada partido, coincidiendo con el año en el que se creó la entidad (1913), suene una enorme pitada en el Sardinero dirigida a los altos estamentos del club.

Y el último caso ha sido el del Depor. Hace apenas unos días saltó la noticia de que el club se iba a acoger a la Ley Concursal como tantos otros equipos de primera y segunda. El conjunto coruñés que actualmente dirige César Lendoiro no ha tenido más remedio que involucrarse en el proceso judicial para encontrar una solución a las deudas que acechan a la entidad. Recordemos, que jugadores como Munúa, Guardado o Colotto ya denunciaron al equipo en su día por problemas en los pagos de sus contratos. Aun se desconoce la deuda real del club con Hacienda, pero se hablan de cifras que se aproximan a los 90 millones de euros.


Estos son solo algunos de los equipos que no han podido afrontar sus deudas y han tenido que acogerse a este proceso judicial con el fin de sanear las cuentas del club y evitar así su posible desaparición. Un problema que cada vez está más presente en el fútbol actual, donde los dirigentes hace ya tiempo que dejaron de mirar por los intereses de sus entidades para mirar por los de sus bolsillos. No sabemos cuando parará esta masacre deportiva, ni siquiera si tiene sentido alguno en esto del fútbol. El balompié como negocio es, por desgracia, una realidad que tuvo su consolidación hace ya tiempo, cuando aparecieron las primeras sociedades anónimas y nadie vio o quiso ver el futuro tan negro que esto iba a traer consigo. Lo peor de todo es que este esperpento empresarial es cada vez más frecuente en el deporte más bello del universo.

Por contra, alegra saber que son cada vez más los aficionados que luchan por eliminar de manera definitiva esta lacra. La gente se empieza a echar a la calle, pide respeto para el club de sus vidas y se han levantado contra los dirigentes que intentan imponer su cabeza sobre la historia de la entidad. La lucha no ha hecho más que empezar, pero algo si ha cambiado con respecto a hace unos años, ahora la gente se ha dado cuenta de que merecen todo el respeto posible para su club, quieren personas profesionales y con conocimientos para hacer crecer a la entidad de manera progresiva. No le valen los empresarios ricos, ni los jeques árabes que solo vengan a hacer negocio. Les basta con gente que sepa sacar partido a las posibilidades de su equipo, que trabajen con honradez y mano firme, que sientan al menos una parte de lo que esos aficionados sienten por su club. Quieren volver a recuperar los valores que por historia y esfuerzo merecen, y magnates o mangantes aparte, lo van a acabar consiguiendo. S.O.S, salvemos al fútbol.